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5 de septiembre de 2019. Ceiba es una cooperativa de reciclaje que cuenta con 220 trabajadores en Buenos Aires, Argentina. Cristina Lescano, una de sus fundadoras, habla de las estrategias que han hecho de esta cooperativa una empresa exitosa.


Por Edwin Bohórquez Aya

Fuente: Diario El Espectador


Cristina Lescano es de pocas palabras y muchas acciones. Así se escucha al otro lado del teléfono, cuando en una llamada mañanera, en medio de la crisis económica que vive Argentina, se alista para contar su historia exitosa de emprendimiento sin muchas vuelta y directa al punto. Interrumpe para lanzar un par de órdenes y se conecta nuevamente a la conversación. Va rápido. Tiene un discurso claro y sin una maestría en negocios entre sus haberes, habla mejor que muchos cargados de títulos, pero sin calle, como le dice ella a su experiencia.

De aquí para allá revolviendo las bolsas de basura buscaba qué llevar a la zona de reciclaje. Sin formación en estrategia, pero con las ganas de salir adelante, empezó a educar a los vecinos del barrio Palermo, en Buenos Aires, para que hicieran algo que se llamaba separación en origen. Sabía que ahí estaba todo. “Trabajaba como hormiguita, porque cuando uno quiere hacer las cosas bien, hay que trabajar así”. Los vecinos atendieron en aquel 2001, y así comenzó la historia de emprendimiento. “Hoy contamos con vehículos que pasan recogiendo y desarrollamos zonas logísticas para atender a las grandes empresas. Llegan al centro verde (la bodega de operaciones), donde están las máquinas, procesamos y embalamos. Se vuelve a vender a las empresas que lo reinsertan en la sociedad por medio de un producto terminado”.

Hoy se catalogan como una empresa social, una cooperativa, en la que se aprende cada día. Pero la clave está en educar. Si no se educa a las personas para incluirlos en la sociedad no hay nada que funcione, repite una y otra vez. Se refiere al trabajo de educar a los vecinos, claro, pero también a sus compañeros de trabajo. “Hoy les estamos enseñando cómo se usa una tarjeta débito y una crédito, cómo ahorrar para viajar, cómo controlar gastos. No porque éramos pobres teníamos que andar sucios y abandonados. La lástima no lleva a nada. Me vienen a pedir trabajo y les digo: la lástima conmigo no va. Decime: quiero trabajar porque quiero progresar. Y ya está”.

Lo que vino entonces fue fantástico: la gente que no hace la tarea dentro de la cooperativa es cuestionada por sus mismos compañeros: “¿por qué tiene que ganar lo mismo que gano yo cuando no hace nada?” Así que los que no están comprometidos, se van. Solo los mejores están allí. “Unos educan a los otros”. Luego se dieron cuenta que estaban causando una revolución ambiental. “Los vecinos lo notaron de inmediato. El Gobierno tardó más. Hace ya 10 años tenemos convenios con el Gobierno, pero cuando aprendimos todo esto de la oferta y la demanda nos dimos cuenta de que teníamos un tesoro muy grande con estos materiales reciclables. Mi gente empezó a ir bien vestida, con logística adecuada, ya los conocían y todo se empezó a basar en la confianza. Ya no tenemos gente revolviendo bolsas”.

La cooperativa reúne y procesa, con las 220 personas que la componen, 24 toneladas diarias, más de 700 al mes. Y aquí viene otra lección de sostenibilidad: “Las empresas vienen a nosotros, no cambiamos de comprador y tampoco estamos buscando el que nos paga una monedita de más. Tenemos un tope, sabemos que esas empresas nos pagan, pero aquí no solo lo que importa es plata, lo que más importa es la confianza, y ahí es donde está todo el valor agregado”.

Su historia es ejemplar, sin duda. Y el impacto ambiental aún más. Justo antes de terminar la llamada, toma un nuevo aire al recordar que “nosotros creemos que somos los mejores en lo que hacemos, pero si no trabajamos, no comemos. Hoy mi gente puede planificar su vida, habla de crédito, tiene seguro. Nunca había tenido nada. Hablamos de dólar, opinamos con propiedad de lo que pasa en Argentina. Todos trabajamos para seguir adelante. Nos ven como trabajadores y somos el ejemplo de muchos”. Cristina, ya comprobado, sí que es una mujer de pocas palabras y muchas acciones. Ejemplo digno de replicar.

 

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